La fibromialgia es una enfermedad con una prevalencia del 10% en la
población general, pero que representa el 70% de las consultas de
reumatología.
El síntoma principal que la define es el dolor
generalizado y especialmente intenso a nivel de la columna vertebral y
grandes articulaciones (hombro, rodilla, cadera…); así mismo es
importante destacar que los pacientes se quejan a menudo de rigidez, más
intensa al levantares, alteraciones del sueño (es característico el
sueño fraccionado y poco profundo) y sensación subjetiva de hinchazón en
las extremidades que luego no es objetivable a la exploración física ni
con las técnicas diagnóstica.
Tampoco es extraño que sus quejas
se centren en la sensación de cansancio que dura la mayor parte del día
y que empeora con el ejercicio físico así como parestesias (sensación
de hormigueo) en las porciones distales de las extremidades como las
manos o los pies.
Del mismo modo, las pruebas complementarias arrojan resultados normales.
Todos estos aspectos llevan al paciente afecto de fibromialgia a un
peregrinaje por los distintos servicios médicos en busca de una
orientación terapéutica adecuada que, en muchos casos, les resulta
difícil de encontrar.
Esta situación es vivida por el paciente
con angustia y ansiedad que aumenta la sensación de dolor pero también
ha llevado a preguntarse a los investigadores por la existencia de un
patrón de personalidad peculiar que condicione la aparición de esta
patología.
Los enfermos afectos de fibromialgia suelen ser
“exigentes, cuidadosos ordenados y muy meticulosos” en todos los
aspectos de su vida y también es característico encontrar rasgos
depresivos aunque esto último no se sabe si es un rasgo innato de su
personalidad o es una manifestación psicológica de adaptación al dolor
crónico.
El dolor crónico es una experiencia vital que afecta a
toda la esfera psíquica y social del paciente que le lleva a sentir
desamparo y desesperanza que está asociado a una resistencia cualquier
tipo de tratamiento.
Es característico que haya quejas
multisistémicas vagas, asociadas a la falta de hallazgos patológicos así
como la negación de problemas psicosociales.
Lo que sí parece
claro es que el dolor crónico tiene un componente afectivo y que está
íntimamente ligado con la afectividad negativa como la ansiedad y la
depresión.
La vivencia del dolor en la fibromialgia va a depender
de las características de la personalidad del paciente; así aquellos
pacientes que lo viven con tensión emocional, ansiedad, depresión lo
experimentan con mayor intensidad y generalmente no responden al
tratamiento farmacológico; por el contrario, aquellas personas que
desarrollan conductas adaptativas positivas como la creencia en sus
posibilidades para superarlo, se asocian con niveles más bajos de dolor.
COMO PUEDE AYUDAR LA MARIHUANA:
Dolor crónico: El cannabis ayuda a reducir dolores y molestias causadas por múltiples patologías.
Epilepsia: La marihuana previene ataques epilépticos en algunos pacientes.
Esclerosis múltiple:
La marihuana reduce el dolor muscular y los espasmos producidos por esta enfermedad.
Depresión: Ayuda a reducir la depresión y el insomnio.
Asimismo reduce las molestias al andar propias de estos casos.
LOS CANNABINOIDES DEL CUERPO FILTRAN EL DISPARO DE LA SENSACIÓN DE DOLOR
Desde que en 1992 se identificó la molécula cerebral natural que enlaza
con el receptor de cannabinoides, la anandamina, múltiples
investigaciones se han encaminado a investigar las funciones de este
transmisor cerebral.
Pues bien, según estudio del Instituto de
Neurociencias de San Diego, cuando una zona del organismo resulta
dañada, los tejidos que le rodean liberan de forma natural
cannabinoides.
De estos compuestos depende que la sensación de dolor se envíe al cerebro o no.
Una importante novedad aportada por este estudio es que confirma que
algunos cannabinoides actúan directamente en el sistema nervios
periférico y no en el central como se creía hasta ahora.
Estos trabajos pueden ayudar a crear analgésicos derivados del cannabis que no tengan efectos psicoactivos.
Los usos terapéuticos del cannabis se conocen desde épocas remotas.
Las
culturas más antiguas desarrollaron sofisticadas farmacopeas que
otorgaban un lugar destacado a la marihuana.
Los sintoístas japoneses la llamaron “Mayaku” (“hierba-medicina”).
En la Medicina Tradicional China, el cannabis ha sido utilizado para
tratar el paludismo, los constipados, el reuma, los dolores menstruales,
las hemorroides y la falta de concentración.
La Medicina
Ayurvédica atribuye a la marihuana la capacidad de agilizar la mente,
prolongar la vida, mejorar el juicio, bajar la fiebre, inducir el sueño,
curar la disentería, mejorar la digestión, afinar la voz, controlar la
caspa, evitar enfermedades venéreas, aliviar el dolor de oídos, curar la
tos ferina, la tuberculosis, etc.
En las culturas africanas, la
marihuana o cannabis se ha utilizado contra la disentería, el paludismo,
el ántrax, la fiebre, las mordeduras de serpiente y para ayudar en el
parto.
En occidente, autores como Hipócrates, Dioscórides o
Galeno han exaltado las virtudes terapéuticas del cannabis en el
tratamiento de trastornos del apetito, artritis, reuma, dolores
menstruales, insomnio, depresión, como acelerador del parto,
antiasmático, como horchata para inflamaciones urinarias, y además, el
zumo de toda la hierba, verde, instalado en los oídos, sana.

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